Oltre il Cielo
Sobre los tejados, una butaca vacía espera el momento en que dejaremos de mirar el reloj.

Hay tardes en las que el camino a casa parece más largo de lo habitual. Después se abre una puerta, se deja un bolso y, sobre los tejados, el cielo aparece de pronto cercano. Los asientos trenzados, el verde y el pequeño salón al aire libre ofrecen una invitación sencilla: quédate aquí, aunque solo sea el tiempo necesario para ver de qué color es hoy el atardecer.
La ciudad continúa bajo nosotros, con sus citas y sus ventanas encendidas. Desde esta altura llega más suave, como una voz que reconocemos sin tener que responder. Podemos quitarnos los zapatos, estirar las piernas, sostener algo fresco entre las manos. El pensamiento que nos acompañaba desde hace horas empieza, despacio, a aflojar su abrazo.
Imaginamos esta terraza habitada por conversaciones que se interrumpen para mirar a lo lejos. Por el silencio cómodo de dos personas cercanas. Por una silla todavía vacía, preparada para quien llegue. El cielo cambia mientras estamos aquí: nadie podrá conservar exactamente ese matiz. Solo podemos estar presentes y sentir cómo pasa.
