Aqua
Un reflejo se desliza sobre el agua y se lleva, por un instante, el peso del día.

Lo primero que se mueve es la luz. Se desliza sobre la piscina, se rompe en pequeños reflejos y vuelve a las superficies claras con un dibujo que apenas dura una respiración. Alrededor, las hierbas ligeras y los asientos al aire libre permiten imaginar un verano íntimo, hecho de pies descalzos, libros a medio leer y tardes a las que conceder una duración imprecisa.
Quizá conozcas esa sensación: llegar por fin a un lugar donde nadie necesita que hagas algo. Puedes sentarte, seguir una ondulación, permanecer en silencio sin sentirte distante. Aqua nace alrededor de esa posibilidad. El borde del agua se convierte en una pequeña frontera amable, más allá de la cual dejar, al menos durante unos minutos, todo lo que pesa.
Cuando el día declina, los reflejos se alargan. Una toalla queda sobre un asiento, un vaso sobre la mesita. Son huellas leves de una presencia y hacen que la terraza resulte ya familiar. El agua sigue cambiando, como las cosas vivas. Nosotros podemos quedarnos un poco más, sin pedirle a la belleza que dure para siempre.
