Nido
Cerca del verde, la habitación se vuelve refugio. El primer lujo es sentirse lo bastante a salvo como para descansar.

Desde la cama, la mirada encuentra el verde y puede quedarse allí. La madera acerca la habitación a una dimensión recogida, las superficies suaves acompañan la luz y cada detalle parece buscar una medida de consuelo. Nido se imagina a partir de un deseo muy sencillo: volver a un lugar donde podamos dejar lo que llevamos a cuestas, incluso cuando nadie alcanza a ver cuánto pesa.
Quizá conozcas el regreso después de un viaje. La maleta permanece cerrada, nos sentamos un momento, reconocemos los sonidos. El cuerpo recupera distancias familiares y, poco a poco, deja de estar alerta. Querríamos que esta casa guardara algo de aquella quietud, ofreciendo al descanso un espacio verdadero y al silencio la posibilidad de ser una compañía amable.
Fuera, una hoja cambia de posición. Dentro, la luz dibuja sobre la tela una sombra que pronto estará en otra parte. Podemos quedarnos mirándola cuanto queramos, o cerrar los ojos. Hay lugares capaces de hacernos sentir acogidos precisamente así: dejándonos ser plenamente, incluso cuando lo único que deseamos es descansar.
