Solarium
La puerta de la terraza permanece abierta. Durante un rato, también el salón parece pertenecer al aire.

La puerta de la terraza permanece abierta y el salón parece ensancharse hacia el aire. Los interiores claros acompañan la mirada hasta los asientos de fuera, donde la luz adquiere otra temperatura y cada sonido llega con un margen de distancia. Solarium comienza con ese paso sencillo, con el placer de cruzar un umbral y sentir cómo cambia, junto con el paisaje, nuestra manera de respirar.
Imaginamos un día templado, de esos que vuelven natural entrar y salir continuamente. Una taza sale al aire libre, un libro se queda dentro, alguien llama desde la cocina. Las habitaciones y la terraza participan del mismo ritmo doméstico. Querríamos que la casa supiera ofrecer esa libertad, dejando a cada persona la posibilidad de elegir cuánta luz, cuánta compañía, cuánta quietud encontrar.
Cuando recordemos la taza sobre la mesita, ya será otra hora. El asiento habrá cambiado de sombra y la claridad se habrá desplazado por el suelo. Iremos a recogerla con la sensación leve de haber dejado fuera un pequeño fragmento de la mañana. Algunas casas nos enseñan así el paso del tiempo, a través de cosas queridas que reencontramos bajo una luz distinta.
