Notturno
El azul se hace profundo, se encienden las lámparas. Fuera puede continuar todo; aquí bajamos la voz.

Cuando llega la tarde, el azul se vuelve más profundo. Las paredes recogen la mirada y las lámparas revelan unos pocos detalles: la curva de un asiento, un borde luminoso, la trama de un tejido. Los ambientes adquieren una cercanía distinta. Parece posible bajar la voz y dejar que las cosas vuelvan lentamente a la distancia adecuada.
Quizá también conozcas el alivio de cerrar la puerta después de un día lleno de exigencias. Ese gesto de quedarse un momento de pie, todavía con la chaqueta puesta, antes de decidir qué hacer. Notturno se imagina alrededor de ese umbral: un lugar donde sentirnos libres de estar cansados, alegres o pensativos sin tener que explicar inmediatamente cómo nos encontramos.
Entre los colores oscuros y los acentos de luz, una velada puede ser solo nuestra. Un disco que termina, un mensaje al que responder mañana, el lugar habitual en el sofá. Fuera siguen encendiéndose las ventanas. Dentro, el tiempo parece recogerse en el espacio de una lámpara, y por un rato sentimos que estamos exactamente donde querríamos estar.
